Anarchicks en PortAmérica

La música será diversa, o no será

Todavía hoy es difícil hacer una lista de cantantes de éxito en la escena musical española que pertenezcan abiertamente al colectivo LGBTIQ+. Las razones son variadas y personales en cada caso, pero muchos artistas temen “salir del armario” con su verdadera identidad, orientación sexual o expresión de género por miedo a perder fans o dejar de llegar a un público más genérico. Probablemente el clima de tolerancia y respeto hacia este colectivo sea cada vez mayor, pero todavía falta mucho para llegar a una plena igualdad de derechos y una inexistencia total de discriminación. 

En junio de 2020, el artista murciano Pablo Alborán se identificaba públicamente como homosexual en un vídeo compartido en su Instagram. Un hecho que no debería siquiera ser noticia si viviéramos en una sociedad tan libre como nos gusta creer. Sin embargo, no deja de ser significativo que el cantante, con una carrera consolidada y un séquito fiel de fans, diera este paso con la premisa de “ser un poquito más feliz de lo que ya era”. ¿Por qué ahora y no antes?

Me gustaría dejar claro que cada persona es libre de compartir o no con los demás su identidad u orientación sexual. No se debería exigir a nadie que se sienta obligado a “contar” lo que es solo por estar fuera de la cis-hetero-normatividad. Dicho esto, no cabe duda de que la falta de representación y referentes LGBTIQ+ en la industria es un problema, pues impide la difusión de otro tipo de historias, puntos de vista, realidades y personalidades que necesitan igualmente hacerse con su espacio.

A pesar de todo, parece que las cosas están dando una vuelta de tuerca. El discurso cis-heterosexual continúa siendo el hegemónico, pero cada vez más aparecen nuevas voces que aportan luz y diversidad. Echando un vistazo al panorama internacional, hace tan solo unas semanas, Lil Nas X, un rapero estadounidense abiertamente homosexual, sacudía al mundo con el videoclip de su último sencillo, en el que se desliza en un barra de striptease hacia el infierno para terminar bailando encima del propio Lucifer. El vídeo, como era de esperar, generó multitud de reacciones, algunas alababan su valentía y otras, en cambio, denostaban al artista. ¿La razón? La sociedad americana no está acostumbrada a ver a un hombre negro gay haciendo lo que le da la gana, reafirmando su sexualidad y su expresión queer, y más en un género musical dominado por hombres heterosexuales que en muchos casos llegaron a la fama a base de insultos homófobos. Otros raperos como Frank Ocean o Tyler The Creator son ejemplos de este cambio de paradigma. 

Con todo, no es desmesurado afirmar que no todas las letras en LGBTIQ+ gozan de la misma aceptación social y de los mismos privilegios. Hasta ahora solo hemos mencionado a hombres homosexuales, pero ¿qué pasa con el resto del colectivo? Las personas bisexuales luchan a diario por intentar que la sociedad deje de invisibilizarlas. La cantante Halsey denunciaba así la bifobia en su cuenta de Twitter: “Si salgo con un hombre soy hetero; y si salgo con una mujer, soy lesbiana. La única manera de ser una #verdadera bisexual es salir con dos personas a la vez”. Como ella, muchas artistas bisexuales muestran su enfado con la incredulidad con la que la gente cuestiona su sexualidad (en la escena internacional, estrellas del pop como Miley Cyrus o Demi Lovato; en España, rostros emergentes como Natalia Lacunza o María Escarmiento). 

¿Y qué hay de la letra T? El colectivo trans es uno de los más castigados y discriminados en todos los ámbitos. Si nos centramos en la música, nos sobran dedos en las manos para contar artistas trans que tengan cierto reconocimiento. Hace pocos meses, recibimos la triste noticia de que la polifacética cantante y productora Sophie había fallecido. Con ella se iba no solo una talentosísima artista, sino todo un ejemplo de que ser “diferente” no es un obstáculo para producir canciones para Madonna o Charli XCX, entre otras. También vale la pena mencionar a Kim Petras, que tiene todas las papeletas para convertirse en la próxima princesa del pop, o a Arca, que está cambiando las reglas del juego y ha colaborado con artistas de la talla de Björk y Rosalía. 

Volviendo al panorama nacional, uno de los géneros musicales más exentos de representación de este colectivo es el indie. Alberto Jímenez, líder de la exitosa banda Miss Caffeina y públicamente homosexual, lo tiene claro: “Me faltan referentes para otras generaciones”. En una entrevista de 2018 admitió que al principio no quería hacer pública su orientación, pero fue cuando decidió dar el paso el momento en el que se topó con mucha gente en su entorno que le advertía que no lo hiciera por las posibles consecuencias negativas. Otras bandas y artistas de la música independiente viven su sexualidad de una forma más natural, sin sentir la necesidad de hacer “declaraciones” o “comunicados oficiales”, pero manteniendo la honestidad en sus redes sociales y, por supuesto, en sus letras. (Guitarricadelafuente, Muerdo, Cariño, etc.). 

Ahora bien, ¿es Galicia reflejo de esta diversidad en la cultura o todavía le queda camino por andar? Lo cierto es que en nuestra comunidad se están llevando a cabo varios proyectos que demuestran que aquí también hay un hueco para artistas queer, y que el público demanda y responde efusivamente a sus propuestas. El cantante y bailador folk Xisco Feijoó, en el videoclip de su sencillo Peixe, representa las nuevas masculinidades que empiezan a liberarse de las convenciones sociales. Así mismo, artistas consagradas como Mercedes Peón y Sés reivindican a lo largo de su discografía la igualdad y el respeto desde una perspectiva queer y feminista. Otros ejemplos como Davide Salvado o Rodrigo Cuevas (este último asturiano pero muy ligado a Galicia) son artistas dignos de mención y reconocimiento.

En definitiva, hoy tenemos más artistas LGBTIQ+ que ayer, pero la representación todavía no es suficiente ni espejo de la sociedad de la que forma parte. Incluso dentro del propio colectivo existen aún muchas desigualdades de privilegios entre las distintas letras que lo componen. Hoy, en el Día Internacional Contra la Homofobia, la Transfobia y la Bifobia (y todas las demás fobias contra cualquier identidad queer), es importante recordar que no debemos bajar la guardia y que todo lo conseguido hasta ahora es el resultado de la lucha de los que estuvieron antes que nosotros. Apoyemos la diversidad: en la música, en la cultura y en todos los lugares, porque esta es la única vía con la que poder valorar lo que nos distingue y, sobre todo, lo que nos une. 

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